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BASES
xni.
La educación no es la instrucción.
Belgraiio, Bolívar, Egaña y Bivadayia comprendieron desde
su tiempo, que solo por medio de lá educación conseguirían
algún dia estos pueblos hacerse merecedores de la forma de go
bierno que la necesidad les impuso anticipadamente, Pero ellos
confundieron la educación con la instrucción, el género con la
especie. Los arboles son susceptibles de educación ' pero solo se
instruye á los seres racionales. Hoy dia la ciencia pública se da
cuenta de esta diferencia capital, y no dista mucho la ocasión
célebre en que un profondo pensador—M. Troplong—hizo sen
sible esta diferencia cuando la discusión sobre la libertad de la
enseñanza en Francia.
Aquel error condujo á otro — el de desatender la educación
que se opera por la acción espontánea de las cosas, la educación
que se hace por el ejemplo de una vida mas civilizada que la
nuestra: — educación fecunda, que Rousseau comprendió en
toda su importancia y llamó educación de las cosas.
Ella debe tener el lugar que damos á la instrucción en la
edad presente de nuestras Repúblicas, por ser el medio mas
eficaz y mas apto de sacarlas con prontitud del atraso en que
existen.
Nuestros primeros publicistas dijeron: «¿De qué modo se
promueve y fomenta la cultura de los grandes Estados europeos?
—Por la instrucción principalmente : luego este debe ser nues
tro punto de partida. »
Ellos no vieron que nuestros pueblos nacientes estaban en el
caso de hacerse, de formarse, ántes de instruirse, y que si la
instrucción es el medio de cultura de los pueblos ya desenvuel
tos, la educación por medio do las cosas es el medio de instruc
ción que mas conviene a pueblos que empiezan á crearse.
En cuanto á la instrucción que se dio á nuestros pueblos,
jamas fué adecuada á sus necesidades. Copiada de la que reci
bían pueblos que no se hallan en nuestro caso, fué siempre es
téril y sin resultado provechoso.