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cuerdo de aquellas riquezas y está á punto de desaparecer
 por completo.
La Pebrina y otras enfermedades que diezmaban los
gusanos y la dificultad de sostener la competencia por la
escasa producción que con los procedimientos anticuados
y empíricos se obtienen, originaron la decadencia de esta
industria.
Desde entonces se han ido arrancando moreras, quedando
 hoy escaso número de ellas, y á las cuales no se
prodiga cuidado alguno, siendo frecuente el constituir árboles
 corpulentos de gran altura, que dificulta y encarece
 la recolección de sus hojas.
Hace diez y siete años existían todavía en Barbastro
dos fábricas de hilados de seda y otra en Graus que ad:
quirían grandes cantidades de capullo. Hoy queda sólo la
de Graus, que aun así y todo arrastra una vida lánguida.
Cría de conejos.—La cunicultura, como industria, puede
 decirse que no existe en la provincia, debiéndose esto
en gran parte á que siendo extensísimos sus montes y tierras
 incultas se multiplica en ellos abundantemente el
conejo de campo, cuyas carnes son mucho más apreciadas
que las del conejo doméstico.
Los cultivadores en pequeña escala y los colonos de las
grandes dehesas que poseen un trozo de huerta y los huertanos
 en general encuentran, sin embargo, en esta especulación
 el procedimiento de aprovechar las hierbas y desperdicios
 de las hortalizas, obteniendo un pequeño ingreso
 ó más frecuentemente un alimento sano, toda vez que
la mayor parte de las crías son consumidas por las familias
 de los criadores.
La variedad más extendida es la del conejo doméstico común.
 El de Flandes se halla también bastante generalizado.