BASES 50 Entregadlas entonces á capitales extranjeros. Dejad que los te soros de fuera como los hombres se domicilien en nuestro suelo. Rodead de inmunidad y de privilegios el tesoro extranjero, para que se naturalice entre nosotros. Esta América necesita de capitales tanto como de población. El inmigrante sin dinero es un soldado sin armas. Haced que inmigren los pesos en estos países de riqueza futura y pobreza actual. Pero el peso es un inmigrado que exige muchas conce siones y privilegios. Dádselos, porque el capital es el brazo iz quierdo del progreso de estos países. Es el secreto de que se va lieron los Estados Unidos y la Holanda para dar impulso má gico á su industria y comercio. Las leyes de Indias para civilizar este continente, como en la edad média por la propaganda reli giosa, colmaban de privilegios á los conventos, como medio de fomentar el establecimiento de estas guardias avanzadas de la civilización de aquella época. Otro tanto deben hacer nuestras leyes actuales, para dar pábulo al desarrollo industrial y co mercial, prodigando el favor á las empresas industriales que levanten sn bandera atrevida en los desiertos de nuestro conti nente. El privilegio á la industria lieróica es el aliciente mágico para atraer riquezas de fuera. Por eso los Estados Unidos asig naron al congreso general, entre sus grandes atribuciones, la de fomentar la prosperidad déla Confederación por la concesión de privilegios á los autores é inventores; y aquella tierra de libertad se ha fecundado, entre otros medios, por privilegios dados por la libertad al heroísmo de empresa, al talento de mejoras. Navegación interior. — Los grandes ríos, esos caminos que andan, como decía Pascal, son otro medio de internar la acción civilizadora de la Europa por la inmigración de sus habitantes en lo interior de nuestro continente. Pero los rios que no se navegan son como si no existieran. Hacerlos del dominio exclu sivo de nuestras banderas indigentes y pobres, es como tenerlos sin navegación. Para que ellos cumplan el destino que han re cibido de Dios, poblando el interior del continente, es necesario entregarlos á la ley de los mares, es decir, á la libertad abso luta. Dios no los ha hecho grandes como mares mediterráneos, para que solo se naveguen por una familia. Proclamad la libertad de sus aguas. Y para que sea perma nente, para que la mano instable de nuestros gobiernos no de-