80 BASKS EI cabildo de Buenos Aires que, no teniendo poder sobre los cabildos de las otras provincias, no podia imponerles un go- Lierno creado por él, se limitó á participarles el cambio, invi tándoles á reproducirlo en sns respectivas jurisdicciones. La Junta gubernativa, que reconocia su origen local y pro vincial , y que aun suponiéndose sucesora del virey, conocia no tener el poder, de que este mismo liabia carecido, para crear los gobiernos nuevos de provincia , dirigió el 2G de mayo una circular á las provincias, convocándolas á enviar sus diputados para tomar parte en la composición de la Junta y en el gobierno ejecutivo de que estaba encargada. Esta circular, atribuida al J)^ Castelli, miembro de la Junta, fué un paso de imprevisión de inmensa consecuencia, como lo reconoció oficialmente este mismo cuerpo en la sesión del 18 de diciembre de 1810, que dió por resultado la incorporación de nueve miembros mas á la Junta gubernativa , quedando el poder ejecutivo compuesto de diez y seis personas desde ese dia. No hubo forma de impedir ese desacierto. — Los diputados provinciales, constituidos en Buenos Aires, ],idieron un lugar en la Junta gubernativa. Ellos eran nueve; la Junta constaba entóneos de siete miembros, por la ausencia de los SS. Castelli y Belgrano. La Junta se oponda á la incorparacion, observando con razón que un‘número tan considerable de vocales sería embarazoso al ejercicio del poder ejecutivo. Los diputados invocaron la circular de 2C.de mayo en que la misma Junta Ies ofreció parte de su poder. Esta reco noció y confesó aquel acto de inexperiencia de su parle. La de cision estuvo á pique de ser entregada al pueblo ; pero se con vino en que fuese producto de la votación de los nueve dipu tados reunidos á los siete individuos de la Junta. Los nueve no podian ser vencidos por los siete, y la Junta quedó compuesta de diez y seis persdnas. Desde ese momento empezó la disolu ción del poder ejecutivo instalado en mayo, que no alcanzó á vivir un año entero. Ese resultado estaba preparado por desavenencias que liabian tenido lugar entre el presidente y los vocales de la Junta pri mitiva. Difícil era que un gobierno conliado á tantas manos dejase de ser materia de discordia. Se confió el poder á una Junta de varios individuos, siguiendo el ejemplo que acababa de dar la madre patria c^n motivo del cautiverio del rey Eer- nando Vil; pero la Junta de Buenos Aires no imitó el ejemplo