BASES 114 union (le sus legislaturas, también es un hecho conocido que la República de los Estados Unidos tuvo necesidad de instituir su gobierno nacional en el mas humilde de los lugares de ese país, pues tuvo que formar al efecto una ciudad que no existia, en cuyas calles he AÍsto todavía en 1855 vacas errantes y sueltas. Nueva York, rival de Paris, no es capital ni aun del Estado de su nombre. Un simple alcalde es el jefe su])erior de esa metr(5- poli del comercio americano. Su gobierno local reside en Al- pueblecito interior donde se hacen las leyes del mas bri llante y populoso Estado del Nuevo Mundo. En nombre de la autoridad de esos ejemplos séanos permitido declinar de la au toridad de Rossi, que invocamos en las primeras ediciones de este libro. Si la situación geográfica, si el interes local opuesto al interes de todos, quitan á Rueños Aires toda competencia para ser ca pital de la Republica, ¿cual otro título le resta? ¿La superio ridad de su cultura? ¿Su inteligencia en materia de gobierno constitucional? Séanos permitido averiguar cuándo, cómo, con qué motivo adquirió Rueños Aires los hábitos y la inteligencia del gobierno libre, que le den título para ser capital de un gobierno nacional representativo. Si la historia es una escuela de gobierno, no debemos malo grar sus lecciones porque sea mortificante su lenguaje. Olvidemos que en dos siglos Rueños Aires fué residencia de un vi rey armado de facultades omnímodas y de un poder sin límites. Prescindamos de los primeros diez años de la revolución en que Rueños Aires tuvo que asumir esa misma omnipotencia para llevar á cabo la revolución contra España. No hablemos de las reformas locales del señor Rivadavia, en que ese publi cista, con mas bondad que inteligencia, organizó el desquicio del gobierno argentino. ¿Cuál ha sido la suerte de las libertades y garantías de Rueños Aires durante los últimos veinte años? La dunswn del poder es la primera de las garantías contra el abuso de su ejercicio. Por veinte años la provincia de Rueños Aires ha visto la suma total de sus poderes públicos en manos de un solo hombre. La responsabilidad de los mandatarios es otro rasgo esencial