BASES H8 gada de representar á las demás provincias de la nación, de que formaba y forma parte integrante. Eso acabó con el prestigio de Buenos Aires en la opinion de las provincias, y puso de manifiesto á los ojos de ellas, que la política de aislamiento y de desquicio que liabia sido atribuida á llosas, servia á los intereses de Buenos Aires, los cuales baila ron quien los comprendiera y defendiera, como los liabia com prendido y defendido el tirano ; es decir, en contradicción con los intereses de la Nación Argentina. Por fortuna, el poder y superioridad que en otro tiempo hi cieron á Buenos Aires capital indispensable de la nación y árbi tra de su organización constitucional, han salido para siempre de las manos de esa provincia, junto con el monopolio del co mercio y de la navegación fluvial de que dependia; y su aisla miento y abstención de vieja y conocida táctica han dejado de ser un medio de impedir la creación del gobierno nacional, qui tándole su capital de otro tiempo. Y ya no habrá medio de restablecer la antigua supremacía de Buenos Aires en las provincias. Su ascendiente de hecho ha ca ducado para siempre, por la pérdida de los monopolios de co mercio, de navegación y de rentas, en que tenia origen. — Y como el nuevo régimen de libertad fluvial y de comercio directo con la Europa tiene la garantía de muchos tratados perpétuos firmados con naciones poderosas y del Ínteres general de las na ciones comerciales, no habria mas medio de restituir á Buenos Aires su antigua supremacía comercial y política en las provin cias argentinas, que romper los tratados firmados con Inglaterra, Francia y Estados Unidos, restablecer la clausura de los rios y atacar de frente el interes general del comercio extranjero. En otro tiempo, todos los movimientos de Buenos Aires se volvían argentinos. Buenos Aires era á las provincias lo (jue Baris á la Francia, ó mas tal vez por una razón fácil de conce bir. tínico ¡luerto de todo el país, Buenos Aires tenia el comer cio, la navegación, las aduanas, los destinos de las catorce pro vincias en sus manos, y el menor cambio dentro de su provincia se hacia sentir inevitablemente hasta en la provincia mas distante. Hoy que las provincias han asumido su vida propia por el nuevo sistema de navegación que las ¡)one en contacto directo con el mundo, los cambios de Buenos Aires son sin consecuen cia alguna en la República.