126 bases confirmadas en cierto modo por el cambio reciente de Buenos Aires. La guerra interior que lia sufrido la República Argentina no es de esas guerras indignas por sus motivos y miras, hijas del vicio y manantiales de la relajación. Si los partidos argentinos han podido padecer extravío en la adopción de sus medios, en ello no han intervenido el aícío, ni la cobardía de los espíritus, sino la pasión, que aun siendo noble en sus fines, es ciega en el uso de sus medios. Cada partido ha tenido cuidado de ocultar las ventajas de su rival... « Cuando algún di a (decia yo en 1817), se den el abrazo de paz en que terminan las mas encendidas luchas, ¡qué dife rente será el cuadro que de la República Argentina tracen sus hijos de ambos campos ! ¡ Qué nobles confesiones no se oirán de boca de los frenéticos federales ! Y los unitarios, ¡con qué placer no verán salir hombres de honor y corazón de debajo de esa más cara espantosa con que hoy se disfrazan sus rivales, cediendo á las exigencias tiránicas de la situación ! » Sin duda que la guerra es infecunda en ciertos adelantos, pero trac consigo otros que le son peculiares. La República Argentina tiene mas experiencia que todas sus hermanas del Sud, por la razón de que ha padecido como nin guna. Ella ha recorrido ya el camino que las otras principian Como mas próxima á la Europa recibió mas presto el influjo de sus ideas progresivas, puestas en práctica por la revolución de mayo de 1810, y mas pronto (pie todas recibió sus frutos bue nos y malos; siendo por ello en todo tiempo futuro, para los Estados menos vecinos del manantial trasatlántico de los pro gresos americanos, lo que constituía el pasado de los Estados del Blata. Un hecho importante, base de la organización definitiva de la República, ha prosperado al través (le sus guerras, recibiendo servicios importantes basta de sus adversarios. Ese hecho es la centralización del poder. Rivadavia la proclamó; Rósas ha coii- trihuido, á su pesar, á realizarla. Del seno de la guerra de for mas ha salido preparado el poder, sin el cual es irrealizable la sociedad y la libertad imposible. El poder supone el hábito de la obediencia. Rs(* hábito ha creado raíces en ambos partidos. Dentro del país, el despotismo ha enseñado á obedecer á sus enemigos y á sus amigos; fuera