144 BASES hombres como yo,es decir, de ochocientos mil abogados que sa ben hacer libros. Esa sería la peor población que pudiera tener. Los abogados no servimos para hacer caminos de fierro, para hacer navegables y navegar los rios, para explotar las minas, para labrar los campos, para colonizar los desiertos; es decir, que no servimos para dar á la América del Sud lo que necesita. Pues bien, la población actual de nuestro país sirve para estos fines, mas ó menos, como si se compusiese de abogados. Es un error infelicísimo el creer que la instrucción primaria o univer sitaria sean lo que pueda dar á nuestro pueblo la aptitud del progreso material y de las prácticas de libertad. En Chiloé yen el Paraguai saben leer todos los hombres del pueblo; y sin embargo son incultos y selváticos al lado de un obrero inglés ó francés que muchas veces no conoce la o. No es el alfabeto, es el martillo, es la barreta, es el arado, lo que debe poseer el hombre del desierto, es decir, el hombre del pueblo sud-americano. ¿Creeis que un Araucano sea incapaz de aprender á leer y escribir castellano ? ¿ Y pensais que con eso solo deje de ser salvaje? No soy tan modesto como ciudadano argentino para pretender que solo á mi país se aplique la verdad de lo que acabo de es cribir. Hablando de él, describo la situación de la América del Sud, que está en ese caso toda ella, como es constante para to dos los que saben ver la realidad. Es un desierto á medio poblar y á medio civilizar. La cuestión argentina de hoy es la cuestión de la América del Sud, á saber: buscar un sistema de organización conveniente para obtener la población de sus desiertos, con pobladores ca paces de industria y libertad, para educar sus pueblos, no en las ciencias, no en la astronomía,— eso es ridículo por anticipado y prematuro,— sino en la industria y cu la libertad práctica. Este problema está por resolverse. Ninguna Hepública de la América lo ha resuelto todavía. Todas han acertado á sacudir la dominación militar y política de la España ; pero ninguna ha sabido escapar de la soledad, del atraso, de la pobreza, del des potismo mas radicado en los usos que en los gobiernos. Esos son los verdaderos enemigos de la América; y por cierto que no les venceremos como vencimos ála metrópoli española, echando la Europa de este suelo, sino trayéndola para llevar á cabo, en nombre de la América, la población empezada ahora tres siglos