BASF,S 156 las recetas. La mejor administración, como la mejor medicina, es la qne deja obrar á la naturaleza. Se debe preferir en general, para la elección de los funcio narios, el juicio al talento; el juicio práctico, es decir, el ta lento de proceder, al talento de escribir y de hablar, en los ne gocios de gobierno. En Sud-América el talento se encuentra ácada paso; lo ménos común que por allí se encuentre es lo que impropiamente se llama sentido común, sentido ó juicio recto. No es paradoja el sostener que el talento ha desorganizado la República Argen tina. íú partido inteligente, que tuvo por jefe á Rivadavia, per tenece esa organización de échantillon, esa constitución de un pedazo del país con exclusion de todo el país, ensayada en Rue ños Aires entre t820y 1823, que complicó el gobierno nacional argentino hasta hacer hoy tan difícil su reorganización defi nitiva. Conviene distinguir los talentos en sus clases y destinos, cuando se trata de colocarlos en empleos públicos. Un hombre que tiene mucho talento para hacer folletines, puede no tenerlo para administrar los negocios del Estado. Comprender y exponer por la palabra ó el estilo una teoría de gobierno es incumbencia del escritor de talento. Gobernar según esa teoría es comunmente un don instintivo que puede existir, y que á menudo existe, en hombres sin instrucción es pecial. Mas de una vez el hecho ha precedido á la teoría en la historia del gobierno. Las cartas de Inglaterra, que forman el derecho constitucional de ese país modelo, no salieron de las academias ni de las escuelas de derecho, siuo del buen sentido de sus nobles y de sus grandes propietarios. Cada casa de familia es una prueba práctica de esta verdad. Toda la economía de su gobierno interior, siempre complicado, aunque pequeño, está encomendada al simple buen sentido de la mujer, que muchas veces rectifica también las determinacio nes del padre de familia en el alto gobierno de la casa. La política del buen juicio exige formas serias y simples en los discursos y en los actos escritos del gobierno. Esos actos y discursos no son piezas literarias. Nada mas opuesto á la serie dad de los negocios, que las llores de estilo y que los adornos de lenguaje. Los mensajes y los discursos largos son el mejor medio de oscurecer los negocios y de mantenerlos ignorados del