BASES 162 en que empezó por atribuir ó la prorinda de Buenos Aires los poderes y las rentas que eran de toda la Nadon. Cuando mas tarde quiso retirarle esos poderes y rentas para entregarlos á su dueño, que es el pueblo argentino, ya no pudo; y la obra de sus errores fué mas poderosa que la buena voluntad del autor. En nombre de sus propias instituciones de desquicio, Bivadavia fué rechazado por Iluenos Aires, desde que pensó en dar insti tuciones de órden nacional. Tal es el defecto de la actual constitución de Buenos Aires, resúmen de los ensayos inexpertos de Rivadada : dando á la provincia lo que es de la Nación, esa constitución es dirigida á suplantar la Nación por la provincia. Hé aquí lo que la hace ser obstáculo para la organización de todo gobierno nacional, sea cual fuere su forma. Hé ahí el motivo por qué esa constitución arrastra fatal mente á Buenos Aires en el camino del desórden y de la guerra civil. Una provincia cuya constitución local invade y atropella los dominios de la constitución nacional, ¿podrá establecer y fundar el principio de órden dentro de su territorio? Unn pro- Miicia que conserva una aduana doméstica como añadidura re glamentaria de una aduana nacional, ¿podrá jamas servir de véras la prosperidad del comercio? Una provincia que habla de códigos locales, de hipotecas de provincia, de monedas de pro vincia, ¿podrá representar otra época ni otro órden de cosas que aquellos en que estaba la Francia feudal ántes de 1780? Arrebatando á la Nación sus atribuciones soberanas, la cons titución local de Buenos Aires abre una herida mortal á la in tegridad de la República Argentina, y crea un pésimo ejemplo para las Repúblicas de la América del Sur. Los códigos civiles de provincia son resultado lógico de una constitución semejante á la que hoy tiene Buenos Aires, l’ara los Estados vecinos, los códigos do que Buenos Aires se propone dar ejemplo, tendrán mañana imitadores que pidan un código civil para Concepcion, otro para Santiago, otro para Valparaiso en Chile; código civil para la Colonia del Sacramento, código para Maldonado en el listado de Montevideo. No sería un helio rol para Buenos Aires llevar así á la América política el desquicio, después de haberlo tentado dentro de su propia nación. Buenos Aires, volviendo á los errores constitucionales de 4821, no tiene la excusa que asistía á Bivadavia y á los hom-