DE LA CONFEDERACION ARGENTINA. «69 la resistencia y limitaciones que opondrá él á su centralización relativa en todo el territorio por algunos años. Ejercerá el mismo i nilu jo en el arreglo de los demas ramos del poder administrativo, ­ como los ejerce hoy en el establecimiento de la Constitución; pero él no será un desmentido á la nacionalidad argentina , porque la centralización del poder no es la unidad de la Nación. Será necesario combatir ó reaccionar contra él á pesar de eso, porque la centralización del gobierno , que no es la unidad de la Nación, la conserva y sostiene.—Pero los males arraigados deben ser combatidos por el régimen, pues la violencia ­ los exaspera y robustece en vez de aniquilarlos. La España nos ofrece el ejemplo de este sistema, á cuyo empleo debe los resultados que no pudo obtener por largos años de guerra contra las resistencias que Navarra y las Provincias Vascongadas oponian á la centralización del poder nacional. Convencida de la ineficacia de su guerra contra los fueros de provincia , respeto al fanatismo incorregible su existencia de hecho, en cambio del reconocimiento que obtuvo de la supremacía ­ nacional. El Convenio de Vergara y las leyes que fueron su consecuencia contienen la solución de esa dificultad.—Hasta entonces la Navarra tuvo su régimen especial en lo económico, judicial y militar, y las Provincias Vascongadas usaron íntegramente ­ de sus fueros. Una ley de las Cortes de !25 de octubre de 1839 con/irmó esos fueros y los de Navarra, pero sin perjuicio de la unidad constitucional de la monarquía ¡ reserva que , aunque ­ nominal hasta hoy, era lo bastante para salvar el principio de la nacionalidad española de esos pueblos disidentes, mas duradero que los intereses ilegítimos de su aislamiento. Las instituciones de aislamiento provincial en materia de hacienda de que Buenos Aires se ha hecho un hábito de treinta años, tienen mucha analogía con los fueros de los pueblos del Norte de España ; y esa analogía justificará la necesidad de emplear ­ una política de contemporización y tolerancia , mezclada de expedientes incisivos, para vencer por las mejoras graduales y por el auxilio del tiempo la resistencia de su antigua provincia ­ capital, arraigada en sus hábitos, en sus instituciones funanmntales, en sus ilusiones y errores, que caerán por su propio desengano y convencimiento, mejor que por los medios violentos ­ y precipitados. La Confederación no debe emplear la guerra para vencer esa