DE LA CONFEDERACION ARGENTINA. 703 de nuestras ciudades manumitidas. ¿El gobierno os impide pintar, ­ renovar, hermosear cada tres meses vuestros edificios? ¿Os impide alumbrarlos brillantemente por las noches? ¿Os impide hacer puertas, veredas, empedrados, puentes, caminos para vuestra propia comodidad? — Direis que sí. — Os diré entónces que quien lo estorba es el mismo poder que os hace comer mal, vestir peor, habitar casas lóbregas y tristes, vivir vida mezquina y pobre. La mitad de la organización del país está en la organización de la propia persona. ¿Qué ha querido decir Montesquieu, cuando ha dicho queel gobierno de libertad era el mas caro de los gobiernos? ­ — Que es el que demanda mas sacriQcios, no mas tributos. ­ Lo mas fuerte del precio que la libertad cuesta á la Nación, reside en el servicio prestado en consagración, en celo, en participación ­ libre y voluntaria por sus habitantes en favor de la obra del bienestar propio y común. Ser libre, no consiste en pasar la mañana en el café renegando á voz en cuello de todos los actos del gobierno ; es vivir en continuo ­ afan y en perpétua solicitud, es tomar parteen todo lo . que interesa á la Nación ; sobre todo es vivir con la mano en el bolsillo, — fisco doméstico y casero, — en el que tiene cada ciudadano un poder de acción pública mas eficaz que el fusil de la guardia nacional, herramienta inútil para hacer caminos y puentes, para hermosear las ciudades. El ocio egoista pretexta efugios para eludir sus deberes de libertad ­ , es decir, de actividad y trabajo en el ínteres común, porque esto es la libertad. Lleva su extravío basta convertir la abstención indiferente en buen tono y prueba de civismo. El egoista viene á ser tipo del honesto ciudadano, y la mayor recomendación ­ del buen juicio de un vecino se hace con decir que « es persona que en nada se mezcla. » Hemos vivido siglos aceptando lo que nos daba hecho y formado ­ el tutor regio en cómodo y agradable pupilaje. El precedente ­ de siglos gobierna nuestra vida real bajo el imperio de la República escrita. À la menor necesidad sentida alzamos los ojos hacia el papá. ántes el amo, hoy es el sirviente ; he ahí oda la diferencia de la colonia á la República : en cuanto al vecino, ­ su rol es siempre el mismo : — aceptar todo lo que se le da hecho, sin hacer nada por sí.