822 DE LA INTEGRIDAD NACIONAL de una provincia que asume atribuciones y rentas nacionales, serian botados del suelo de Buenos Aires ó arrojados de sus afec ciones. Tan grande es el poder de esa congestion morbosa de fuerzas nacionales en ese antiguo centro, que sus patriotas de várias épocas que han osado superarla, han pagado el arrojo de su sin ceridad con la impopularidad cuando no con el ostracismo. Ri- vadavia. Agüero, Gómez, López* Gutiérrez, Pico, Guido, vícti mas nobles de su alto sentimiento nacional, son la prueba pal pitante de ese hecho doloroso. Y sin embargo, ellos y los que imiten su honorable ejemplo acabarán al fin por ser vencedo res, y será la única victoria digna que quede álos hijos de Bue nos Aires en el triste litigio que esa provincia sostiene hoy con la Patria de sus banderas y de su sangre. — Buenos Aires, ilus trada por sus hombres de verdad, comprenderá por fin que no enajena ni abandona los poderes que le reclama la Nación, sino que los maneja, reteniéndolos siempre, en union con todos los Argentinos, porque en todos ellos, y solo en ellos todos reside la Nncion. De aislada y rota con su familia como hoy se halla , á verse unida y ennoblecida por la union, ¡ qué diferencia ! Del escándalo de su pleito presente, que es el de dos esposos que se disputan delante de sus hijos, sobre cuál es mejor, cuál de mejor cuna, cuál trajo mas bienes á la familia, cuál es mas ó ménos honesto; de la vergüenza de ese extremo á la dignidad de un órden de cosas en que los Argentinos de la última pro vincia se sintiesen orgullosos de la grandeza de Buenos Aires y vice versa, como el Bórdeles se vanagloria de Paris y como el Parisiense se enorgullece de Burdeos, ¡ qué diferencia para la felicidad y honor de los Argentinos ! El mal que parecia incurable ha encontrado su remedio en la erección de un centro de poder nacional mas fuerte que él y fuera de su alcance. La Nación tomará lo que es suyo poco á poco. Ella traerá la curación de la misma Buenos Aires por la acción lenta, gradual, pero perseverante de su nuevo régimen general. Todos los intereses, todas las ambiciones, todos los pen samientos hoy extraviados en la dirección de Buenos Aires, ven drán poco á poco á buscar su apoyo y garantía en el grande y poderoso centro del gobierno nacional. El problema de la uni dad absoluta de la República se ha simplificado como nunca. Hoy se reduce ádos términos,— la Confederación y Buenos Ai-