LOS COMERCIANTES 267 pación constante debe ser provocar la urgencia de las necesidades latentes. La satisfacción de esta necesidades que no se ha bía manifestado, puede rendir los mayores servicios. Doulton ha provocado necesidades de limpieza que no sentían nuestros abuelos en el mismo grado que nosotros; pero una gran mayoría de nuestros compa triotas tampoco las sienten aún. No basta, pues, que el industrial ó el comerciante hayan hecho una obra útil provocando la manifestación de una necesidad para obtener de ella una remuneración inmediata. Ellos pueden tener razón demasiado pronto y caer en el misoneísmo. Yo he oído recientemente este diá logo en París: —«¿A dónde va usted?—A tomar un baño.—¿Está usted enfermo?» Toda nueva necesidad es un lujo en opinión de los que aún no la han sentido ó que no tienen recursos bastantes para satisfacerla. Muchos pequeños comerciantes, farmacéuticos, es pecieros, se percataban de que la tarea de llevar la Caja era bastante complicada, y exigía una cuidado sa vigilancia, y pensaron aunque muy confusamente en los medios de simplificarla y garantirla. Algunos entreveían quizá una máquina que pudiera hacer el registro, pero no llegaban á concretar su pensamien to juzgándolo irrealizable. Los americanos lo han realizado: Dayton construyó las cajas registradoras, las dió á conocer, y la National Cash register Compa ny ha hecho uno de los más bonitos negocios del mundo. Esta Sociedad remite unos cuestionarios á sus