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        <title>El comercio y los comerciantes</title>
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            <forname>Yves</forname>
            <surname>Guyot</surname>
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            <forname>Rafael</forname>
            <surname>Urbano</surname>
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      <div>LOS  COMERCIANTES

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pación  constante  debe  ser  provocar  la  urgencia  de  las
necesidades  latentes.
La  satisfacción  de  esta  necesidades  que  no  se  había ­
  manifestado,  puede  rendir  los  mayores  servicios.
Doulton  ha  provocado  necesidades  de  limpieza  que
no  sentían  nuestros  abuelos  en  el  mismo  grado  que
nosotros;  pero  una  gran  mayoría  de  nuestros  compatriotas ­
  tampoco  las  sienten  aún.  No  basta,  pues,  que
el  industrial  ó  el  comerciante  hayan  hecho  una  obra
útil  provocando  la  manifestación  de  una  necesidad
para  obtener  de  ella  una  remuneración  inmediata.
Ellos  pueden  tener  razón  demasiado  pronto  y  caer
en  el  misoneísmo.  Yo  he  oído  recientemente  este  diálogo ­
  en  París:
—«¿A  dónde  va  usted?—A  tomar  un  baño.—¿Está
usted  enfermo?»  Toda  nueva  necesidad  es  un  lujo  en
opinión  de  los  que  aún  no  la  han  sentido  ó  que  no
tienen  recursos  bastantes  para  satisfacerla.
Muchos  pequeños  comerciantes,  farmacéuticos,  especieros, ­
  se  percataban  de  que  la  tarea  de  llevar  la
Caja  era  bastante  complicada,  y  exigía  una  cuidadosa ­
  vigilancia,  y  pensaron  aunque  muy  confusamente
en  los  medios  de  simplificarla  y  garantirla.  Algunos
entreveían  quizá  una  máquina  que  pudiera  hacer  el
registro,  pero  no  llegaban  á  concretar  su  pensamiento ­
  juzgándolo  irrealizable.  Los  americanos  lo  han
realizado:  Dayton  construyó  las  cajas  registradoras,
las  dió  á  conocer,  y  la  National  Cash  register  Company ­
  ha  hecho  uno  de  los  más  bonitos  negocios  del
mundo.
Esta  Sociedad  remite  unos  cuestionarios  á  sus</div>
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