LA PRÁCTICA DEL COMERCIO 169
miento, asegurándole todo el beneficio de las opera
ciones que ha podido hacer con las mercancías que
se había procurado gracias á este instrumento de
crédito.
Gracias á él ha podido obtener mercancías perte
necientes á otro, ha podido hacer uso de ellas y sa
carles provecho, operaciones que de otro modo no
hubiese podido realizar. No hay, pues, el más peque
ño desplazamiento de capital; hay una mayor exten
sión del capital. El crédito es el capital del porvenir.
M. Bagehot ha reflejado muy bien el carácter prin
cipal de Lombard street, la calle de las grandes ban
cas de Londres: «Hay—ha dicho—gentes tranquilas
del país que acumulan los capitales y hay otras gen
tes activas que los emplean. Lombard street sirve de
intermediaria entre unas y otras.»
Las cuestiones relativas al crédito se conocían tan
mal, que á comienzos del siglo decía J. B. Say: «Vale
más, siempre que sea posible, trabajar con capitales
propios.»
Tooke, en sus Recherches sur le Principe de la circu
lation, ha contestado casi en la misma fecha:
«El poder de adquisición de los comerciantes que tienen
capital y crédito, se extiende mucho más allá de lo que pue
den imaginar los que no tienen un conocimiento práctico de
los mercados en que se realizan las especulaciones. Si el que
tiene reputación de poseer un capital suficiente para sus ne
gocios y goza de un buen crédito en su comercio, llega á pre
ver atinadamente un alza en el precio del artículo con que
comercia, y es favorecido por las circunstancias al final y du
rante el curso de su especulación, puede efectuar compras