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EL COMERCIO Y LOS COMERCIANTES
1. a , nuestros cónsules; 2. a , no queremos ir al ex
tranjero; 3. a , no conocemos las lenguas extranjeras;
4. a , la falta de bancos; 5. a , nuestra industria no es de
mocrática, y 6. a , la falta de caminos de hierro y de
marina mercante.
§ 1. Nuestros cónsules.—Asistimos en todos los
países á una serie de recriminaciones contra los cón
sules, recriminaciones en que no falta una cierta sa
tisfacción; los comerciantes avivados querían que los
cónsules fuesen sus agentes en vez de funcionarios
del Estado; por otra parte, la mayoría de los cónsu
les se vengan de tal pretensión, recriminando en sus
memorias la apatía, negligencia y falta de iniciativa
de los industriales y negociantes franceses; publicis
tas cándidos hacen extractos de estas memorias y
publicándolos proporcionan á nuestros rivales exce
lentes reclamos.
Algunos autores de memorias presentadas al Con
greso de Mons (1905), sobre la misión de los cónsu
les, desde el punto de vista de la expansión econó
mica mundial, quieren acumular á estos funcionarios
toda clase de deberes. En vez de recargarles valdría
más aliviarles.
M. Varocqué, miembro de la Cámara de los Dipu
tados de Bélgica, pide desde luego que se Ies des
embarace de ciertas atribuciones, que como en Ingla
terra, se confíen las funciones notariales á un canci
ller. Los cónsules belgas no tienen que ocuparse del
servicio militar de sus compatriotas. Este cuidado
constituye una de las mayores ocupaciones de cien-