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lares de los asociados; 380.000 en mercancías (cobre,
plata, tisús); 270.000 en minas en el Tirol y en Hun
gría. Esta casa que había prosperado por sus bene
ficios de 30 y 50 por ciento sobre empréstitos hechos
por el Papa, el Emperador y los reyes de Europa,
sucumbió en 1563.
No era solamente la Bolsa de Amberes el centro de
los negocios de la pimienta; hacíanse allí ventas pú
blicas de velas de cera; y en el siglo XVI había de ser
con la de Lyón, el gran centro financiero del mundo.
Los príncipes tenían recursos en ella, se cambiaban
millones de florines sin emplear uno solo. Un escrito
de 1542, denuncia allí las ventas á término, especu
lación que consistía en no pagar más que las dife
rencias. Estas bolsas fueron reemplazadas por las de
Amsterdam, Londres, Hamburgo y Francfort. Estos
mercados se desenvolvieron con la fundación de la
Compañía inglesa de las Indias Orientales (1600) y la
Compañía holandesa de las Indias Orientales (1602).
Asistimos ya á la formación de grandes empresas
que no dependen más que de una familia como la de
los Peruzzi, la de los Médicis, ó la de los Fugger,
pero que demandan los capitales al público.
Ellas representan, en relación á la época, Socieda
des más poderosas que los trusts americanos actua
les. Recibían delegaciones de sus gobiernos respec
tivos, les concedían derecho á tener ejércitos y flotas
de guerra. Reunían enormes capitales administrados
por algunos directores y pedidos á todos, bajo un
registro de portadores de títulos. Estos títulos eran
transferables,