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LA POLITICA DE LAS SALIDAS 455
peridad y riqueza de los demás pueblos, debemos
contar con ella para aumentar nuestras salidas.
Debemos, pues, buscar los clientes, refinados ya
por su educación y gozando de una comodidad que
les da el poder de compra necesario. Pero ellos son
inteligentes, saben contar. Debemos, por consiguiente,
observar ante ellos la moral profesional más estricta.
§ 6.—Acusan, en fin, los celosos de la exportación
á los caminos de hierro, aunque tienen éstos tarifas
de exportación que constituyen, por otra parte, un
error económico. Reclaman aquellos canales para ex
portar, sin duda sederías, modas y flores artificiales.
No están más satisfechos de la marina francesa, á
pesar de las primas y subvenciones con que está fa
vorecida.
Recriminan al mismo tiempo á los comerciantes
que expiden sus mercancías por Amberes ó por los
puertos ingleses, é intentan desviar, con el recar
go de depósito, las mercancías de otro mar que hu
biesen tocado en puerto extranjero en vez de en
Puerto francés.
La mejor manera para un comerciante de probar
su patriotismo, es hacer buenos negocios; así, enri
queciéndose, enriquece á su país. Que la marina sea
nacional ó no, poco debe importarle; lo que le im
porta es la tasa de flete, la regularidad de las salidas
y llegadas, la seguridad que represente y la tasa de
seguros.
Yo aporto el siguiente ejemplo de M. G. de Leener:
Cuatro líneas de vapores se habían asegurado el monopolio
de la navegación de Amberes á Alejandría: una alemana, dos