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pretenden asimilar el rol de Buenos Aires en la nacionalidad
argentina con el de Paris en la unidad francesa. Mientras que
Paris nombró siempre los funcionarios del gobierno interior de
la Francia, Buenos Aires no eligió jamas un gobernador de pro
vincia.
Cuando la revolución contra España proclamó la soberanía del
pueblo argentino, el pueblo de las provincias pretendió, á ese
título, elegir sus jefes inmediatos; pero Buenos Aires, á título
de capital, pretendió apropiarse ese antiguo poder de Madrid y
nombrarles sus gobernadores.
Las provincias hubiesen aceptado tal vez ese régimen, si Bue
nos Aires como Santiago, capital de Chile, ó como Lima, capital
del Perú, hubiese hecho partícipes á las provincias del ejercicio
del poder nacional, del tesoro y del comercio directo. Pero Bue
nos Aires excluyó á las jirovincias de su propio gobierno general
como hacía España , cuando las poseía como su colonia ; y las
excluyó también del tesoro y del comercio directo, como no ha-
bia hecho la misma España, que destinó siempre una parte de
las rentas generales del país para trabajos de utilidad pública
en esas provincias. Buenos Aires, bajo la República indepen
diente, absorbió la renta de aduana, por el monopolio de la na
vegación y del comercio exterior, y jamas destinó un real de esa
renta para hacer un camino, un puente, una escuela en las
provincias argentinas, que contribuían á pagarla. La bandera
española filé la última bandera de la Europa que vieron sus
puertos fluviales interiores. En adelante no vieron mas que la
bandera local, porque Buenos Aires no les dejó ver otra.
La exclusion trajo la guerra entre el centralismo, represen
tado por Buenos Aires, y las provincias, que disputaron el poder
como el fin, Y la libertad de navegación fluvial y de comercio
como el yncdio de conseguir el fin por el influjo de la renta y de
la geografía política.
Esa lucha de cuarenta años ha encontrado por fin su término
en la Constitución nacional de 1853 , aceptada por todas y cada
una de las Provincias de la Union, excepto la provincia de Bue
nos Aires , que acabará por aceptar la parte que por esa Consti
tución le ofrecen las provincias en el gobierno nacional, cuando
vea que su aislamiento ya no puede impedir la creación de ese
gobierno.
Al contrario, ella ha servido á la paz de la República Argen-