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dole delante el seruicio de $. M. y de V. A., y la confianga que de su persona
ternan, y tambien lo que toraua a su posteridad. Respondiome que ya yo
sabia lo que se hauia tractado delante de V. A., que era que el no se confiaua
de poder traer a este pueblo que se satisficiesen que se hiziesse el castillo,
y si auia alguna persona que tuuiesse tanta parte en la ciudad que pensasse
podello acabar, que el se contentaria dello, y holgaria que se hiciesse, mas que
juzgaua que esto no se podria acabar por esta via, y que seria menester
tentar la via de la fuerga, la qual no se auia de hazer sino estando las galeras
fuera de la Dargena, y que $. M. se contentasse y mandasse que se provasse
la fuerga; que agora veya lo que yo le dezia en virtud de la creencia de
V. A., y que a el no le auian demandado que dixesse su parescer si era
bien prouar esta fuerga, o no, que por esto no lo auia dicho; que agora no
veya causa justa por donde $. M. ny YV. A. se deuian mouer a hazer esla
fuerga, porque deinas de poner la cosa en condicion, podria ser causa que se
mouiesse alguna guerra que fuesse causa de mayor daîio a la cosas de S$. M.,
demas que en ello aquistaria mal nombre no solamente en esta ciudad, mas
en toda Italia, porque en el assiento que el hizo con $. M. quando vino a
su seruicio se capitulò que pornia esta ciudad en libertad y la manternia en
alla, y le daria fauor y ayuda para contra quien la quissiesse perturbar ; que
por todas estas razones le parescia que no hauia causa justa para hazelle
fuerga, y tanto mas que estaua en manos de S. M. de podella hazer siempre
que quisiesse. Yo le respondì que bien sabia que despues que $. M. la puso
en libertad, nunca auia pensado de quilarsela, antes de defendella, y que
assi lo auia hecho, como auia visto, con gente y con dineros, y que ultima-
mente quando el Rey de Francia vino a Turin, creyendo que traya algun
designo contra esta ciudad, $. M. me auia ordenado que contribuyesse en la
mitad del gasto extraordinario; que despues que succediò lo del Conde, y la
offensa que recibiò el en su sangre y hazienda, S. M. auia pensado en ase-
gurarse desta ciudad, no para quitalle la libertad, mas para conseruarsela, y
para que su posteridad tuuiesse mas preeminencia y auctoridad que las otras
casas. Respondiome que lo que auia succedido fuè por mano de un particular,
y no de toda la ciudad. A lo qual yo tornè a replicar lo que me paresciò.
Al fin dixo que esto le parescia a el, mas que por ser cosa de tanta qualidad
‘ue era bien dormir sobrello y pensalio bien, y que el por su parte lo haria,
y que yo lo hiziesse por la mia. Esto era el sabado; y el domingo despues
de comer yo tornè allà, y hallele muy acompatiado, y no le dixe ninguna
cosa, mas que concèrtè con el de boluer el dia siguiente despues de comer ;
y por presto que fui, hallè alli a miger Adam, con quien creo yo que hauia