LA PRÁCTICA DEL COMERCIO
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siempre la oferta y la demanda, y sin duda también,
la misma cosecha, la misma temperatura? Garó en
cuentra que las cosas son tanto más caras ó más ba
ratas, cuanto más raras ó más abundantes, que el
tiempo es siempre más seco ó más húmedo, más ca
luroso ó más frío. Podrá Garó falsear los barómetros
y los termómetros, pero no impedirá por ello las va
riaciones metereológicas. Puede apelar á todos los
poderes públicos, pero no impedirá el juego de la
oferta y de la demanda. Es un hecho necesario. Si no
fuera lo que es, el mundo sería lo que no es, y no
hay fuerza humana que pueda suprimirlo.
En el mes de Mayo de 1893, unas buenas gentes
que vinieron á pedirme «una reparación burguesa» á
Propósito de unos juicios irreverentes que había yo
expuesto sobre la Bolsa del trabajo, acabaron por
decirme:
—¿Así, que no queréis abrogar la ley de la oferta y
de la demanda?
—Como si se tratara de la ley de la gravedad
contesté.
—¡Esto es insoportable!—exclamaron enfurecidos.
Y se marcharon sin comprender los motivos de mi
obstinación.