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za paga por el aprovechamiento de los pastos por las mismas
razones antes expuestas, agravadas con la falta de
costumbre del arriendo de los pastos, operación casi desconocida
en la provincia.
No habiéndose podido determinar el número de cabezas
de cada clase de ganado que se alimentan por unidad de
superficie de cada terreno por las grandes diferencias que
resultaban, se ha relacionado la superficie total de las explotaciones
con el ganado que contienen en conjunto, haviéndose
obtenido para las Zonas de Mallorca é Ibiza los
promedios siguientes: Para ganado mayor cuatro hectáreas
por cabeza, 0,66 para una de lanar y 2,55 hectáreas
para el de cerda. Estos promedios se refieren á los terrenos
cultivados, disponiendo además el ganado de la alimentación
que le proporciona el monte bajo y otros aprovechamientos.
Para la Zona de Menorca son más aproximados
los siguientes: Para los équidos 10 hectáreas por
cabeza, tres hectáreas para el ganado vacuno, una hectárea
para el lanar y 2,50 hectáreas para el de cerda; es decir,
que tal como se explotan las tierras una hectárea puede
sostener 0,1 de équido, 0,3 de vacuno, uno de lanar y
7,40 de cerda.
En cuanto al ganado cabrío que vive en el monte bajo
de toda la provincia, se le calcula á razón de una hectárea
del mismo por cabeza, y el ganado de cerda que se alimenta
en montanera donde hay encinar, requiere 0,75
hectáreas por cabeza en años de cosecha normal de be-¡llota.
De las praderas artificiales monofitas, las constituidas
por la zulla, á las que se da un solo corte en el año, se recolectan
unos 50 quintales métricos de heno porhectárea. Las