BASES
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de ellas no hay medios, y nunca es político acometer lo que es
impracticable por prematuro.
Es necesario reconocer que solo debe constituirse por ahora
un cierto número de cosas, y dejar el resto para después. El
tiempo debe preparar los medios de resolver ciertas cuestiones
de las que ofrece el arreglo constitucional de nuestro país.
La constitución debe ser reservada y sobria en disposiciones.
Cuando hay que edificar mucho y el tiempo es borrascoso, se
edifica una parte de pronto, y al abrigo de ella se hace por grados
el resto en las estaciones de calma y de bonanza.
La población y cuatro ó seis puntos con ella relacionados es
el grande objeto de la constitución. Tomad los 100 artículos,—
término medio de toda constitución, — separad diez, dadme el
poder de organizarlos según mi sistema, y poco importa que en
el resto voteis blanco ó negro.
XXXL
Continuación del mismo asunto. — En América gobernar es poblar.
¿Qué nombre daréis, qué nombre merece un país compuesto
de doscientas mil leguas de territorio y de una población de
ochocientos mil habitantes? —Un desierto. — ¿Qué nombre
daréis á la constitución de ese país? — La constitución de un
desierto. Pues bien, ese país es la Hejiúbíica Argentina; y cualquiera
que sea su constitución, no será otra cosa por muchos
años que la constitución de un desierto.
Pero, ¿cuál es la constitución que mejor conviene al desierto?
— La que sirve para hacerlo desaparecer ; la que sirve para hacer
que el desierto deje de serlo en el menor tiempo posible, y
se convierta en país poblado. Luego este debe ser el fin político,
y no puede ser otro, de la constitución argentina y en general
de todas las constituciones de Sud-América. Las constituciones
de países despoblados no pueden tener otro fin serio y racional,
por ahora y por muchos años, que dar al solitario y abandonado
territorio la población de que necesita , como instrumento fundamental
de su desarrollo y progreso.
La América independiente es llamada á proseguir en su 1er-