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montaria de aceptar los hechos como resultan consumados, sean
cuales fueren sus imperfecciones, y esperar á su repetición pe
riódica y constitucional para corregirlos ó disponerlos en su
provecho. Me refiero en esto especialmente á las elecciones, que
son el manantial ordinario de conmociones por pretendidas vio
laciones de la constitución.
De las elecciones ninguna mas ardua que la de Presidente; y
como ella dehe repetirse cada seis años por la constitución, y
como la mas próxima hace nacer dudas que interesan á la vida
de la constitución actual, séanos permitido emitir aquí algunas
ideas que tendrán aplicación mas de nna vez, y que por hoy
responden á la siguiente pregunta, que muchos se hacen á sí
mismos : « ¿Qué será de la Confederación Argentina el dia que
le falte su actual Presidente? » — Será, en mi opinion, lo que
es de la nave que cambia de capitau : una mudanza que no im
pide proseguir el viaje, siempre que haya una carta de navega
ción y que el nuevo capitán sepa observarla.
Da constitución general es la carta de navegación de la Con
federación Argentina. Irii todas las borrascas, en todos los malos
tiempos, en todos los trances difíciles, la Confederación tendrá
siempre un camino seguro para llegar á puerto de salvación,
con solo volver sus ojos á la constitución y seguir el camino que
ella le traza, para formar el gobierno y para reglar su marcha.
En la vida de las naciones se han visto desenlaces que tuvie
ron necesidad de un hombre especial para verificarse. Nadie
sabe cómo hubieran podido concluir las revoluciones francesas
de 1789 y de t8i8 sin la intervención personal de Napoleon I®
y de Napoleon 111. Quién sabe si la constitución que ha hecho la
grandeza de los Estados Unidos hubiese llegado á ser una reali
dad , sin el influjo de la persona de Washington; y para nadie
es dudoso que sin el influjo personal del general Urquiza, la
Confederación Argentina no hubiera llegado á darse la consti
tución que ha sacado á ese país del cáos de cuarenta años.
Pero llega un dia en que la obra del hombre necesario ad
quiere la suficiente robustez para mantenerse por sí misma, y
entónces la mano del autor deja de serle indispcmsable.
Muy peligroso es sin embargo equivocarse en dar por llegada
la hora precisa de emancipar la obra del autor, porque un error
en ese punto puede ser mas desastroso al interruptor que á la
obra misma, la cual es mas poderosa en sí que el propio autor.