DEL DERECHO PÚBLICO PROVINCIAL ARGENTINO. 319
ejercer la dictadura en las opiniones disidentes, no admite otra
manera de ver que la suya propia.
Un pueblo en ese estado es un diorama en que todas las
cosas aparecen con un color especial que deben á la luz que las
alumbra, y no hay sentidos ni razón, por poderosos que sean,
que puedan sustraerse al poder de esa luz artificial para ver las
cosas con la luz de la verdad. Buenos Aires necesita todavía de
una Argirópolis, es decir, de un lugar independiente y aislado
en que los legisladores de Buenos Aires puedan tener entera
libertad para cambiar la suerte de esa provincia. Por fortuna ya
no es necesario buscar la libertad legislativa en la isla de Martin
García, pues el Congreso independiente está en el Paraná, y solo
en su seno encontrará Buenos Aires la libertad de darse leyes
de progreso y la luz para conocer sus verdaderos intereses.
Sostener sus errores, disfrazarlos, concederles la razón que
no tienen, es engañar á Buenos Aires, sin engañar por eso á las
provincias ni á las naciones extranjeras. Eso puede ser útil para
un momento; solo la verdad es útil para siempre. Ya Rosas gastó
ese medio, de que abusó veinte años. También gastó el de ca
lumniar á los hombres de bien y á los patriotas verdaderos para
defender sus errores y los monopolios de Buenos Aires. De nada
le sirvió llamar salvajes y bandidos á los primeros hombres de
la República : Buenos Aires perdió al fin sus monopolios á ma
nos de la verdad triunfante, y los ultrajados por veinte años en
las prensas del gobernador de Buenos Aires son hoy la gloria de
la República Argentina y el objeto de la consideración general.
Ya es tiempo que Buenos Aires se desprenda de otra láctica
vieja en todas partes é impotente, la de ocultar los pensamientos
con palabras y las violencias con protestas de libertad. Ese es
un legado déla revolución degenerada.
K1 25 de mayo de 1810, el pueblo de Buenos Aires prestó un
juramento solemne de obediencia y respeto á la autoridad de su
ornado soberano el señor don Fernando VU y sus legítimos suce
sores (palabras de la acta oficial de ese dia). Ese juramento era
a máscara con que la libertad se disfrazaba para vencer mejor
e f espotismo. La libertad hacía el papel de I). Dasilio, porque
ema que haberlas con la política de Maquiavelo. El éxito de esa
es ra agema ha hecho de ella en Buenos Aires una especie de
política; y hemos visto mas tarde que para serrir la
unidad de la República, Buenos Aires inventó los gobiernos so-