574 SISTEMA ECONÓMICO Y RENTÍSTICO
aunque costeado por la Confederación, fijaba la tarifa marítima,
reglaba el comercio exterior, nombraba y recibia ministros ex
tranjeros, declaraba la guerra, hacía tratados de paz en nombre
de la Confederación, que solo intervenia en ello cuando se le
daba parte después de hecho y concluido. — Exactamente era
ese el servicio que hacía la España á sus colonias de América
meridional hasta 18tO : los recibia sus rentas por hacerlas el
favor de gobernarlas, sin que ellas se molestasen lo mas mínimo
en esta tarea que pagaban á su metrópoli, como el pupilo paga
su tutela.
Tal era el estado de cosas que prevaleció en la República Ar
gentina hasta la calda de Rósas, gobernador de Buenos Aires y
sostenedor de ese desquicio por espacio de veinte años, aunque
no su postrer partidario. — Rósas, como jefe de Buenos Aires,
representaba dos intereses parciales : el suyo de tirano, y el de
la concentración de ventajas políticas y rentísticas en el pueblo
de su mando, cuyo último interes no servia por patriotismo,
sino porque entóneos formaba parte del suyo propio. Sus ene
migos, que le han sucedido en el gobierno de la provincia, no le
han reemplazado en la tiranía, pero sí en el natural interes de
retener la masa de poder y de medios que el desquicio general
habla dejado en manos del pueblo de su mando por espacio de
veinte años. Si á esta causa se agrega el arranque de susceptibi
lidad que deja el largo ejercicio de todo poder metropolitano ó
central, algunas imprudencias y rencores de una y otra parte,
la ceguedad generosa de la juventud de Buenos Aires, la rutina
y la falta de examen imparcial, y sobre todo el sofisma doloso
de los demagogos; se tendrá entónces la explicación verdadera
del principio en que reposa la resistencia del gobierno actual de
Buenos Aires al nuevo órden de cosas, que han proclamado las
provincias de la Confederación bajo el representante mas ele
vado y digno que hayan tenido sus intereses nacionales bien
entendidos desde la revolución contra España.
Todas las demas explicaciones que se dan de esa resistencia,
son liviandades pretextadas por la pasión para encubrir la ver
dadera causa, que unos no ven y que otros no confiesan, de en
tre sus sostenedores; y si no fuese así, sería preciso dudar del
sentido común del pueblo de Buenos Aires, pues no se toman
partidos tan serios como el de aislarse de su Nación , por moti
vos que ni para alucinar á niños de escuela servirían.