800 DE LA. INTEGRIDAD NACIONAL
Pero las provincias confederadas no son la Nación Argentina
porque así las llame su Constitución general; lo son desde antes
de esa Constitución, por todos los hechos reales que forman la
vida elemental de ese cuerpo ¡lolítico. El pueblo unido de las
provincias se compone de un millón de Argentinos, sin com
prender á Buenos Aires, cuya población total de 230,000 habi
tantes, según su propia estadística, se compone en mas de la
mitad de extranjeros que no .tienen parte eii el derecho político
del país. Según esto, Buenos Aires pesa menos en el mecanismo
constitucional de la República que la provincia de Córdoba, cuya
población de i 70,000 habitantes se compone totalmente de reg
nícolas. En Chile, Valparaíso, poblado de 70,000 habitantes,
nombra dos diputados para el Congreso, al paso que Quillota,
departamento inferior, elige cuatro; por la razón sencilla de ipie
la población toda de Quillota es chilena, al paso que la de Val
paraíso es extranjera en sus dos tercios 0).
Como tal provincia argentina ó sección integrante del suelo
argentino, Buenos Aires no tiene derecho de mantener la acti
tud de h'stado independiente, que ha tomado por su revolución
militar de il de setiembre de 1852, de cuya violencia pretende
hacer un hecho permanente por su constitución local de 1854,
que es resultado y expresión de esa actitud de guerra (*), no
contra el gobierno nacional únicamente, sino también contra la
integridad, contra la nacionalidad de esa República.
Cuando se ve á Buenos Aires dividir la República Argentina
por ese golpe dado á la integridad de su soberanía exterior, ¿no
causa asombro oir al gobierno de esa localidad hablar de peligros
extranjeros de desmembración ?
La Nación Argentina tenia el derecho de protestar contra esa
actitud de Buenos Aires, en defensa de la integridad de su so-
(1) Yo estoy porque el extranjero, miétilras conserve su calidad de tal, dis
frute de lodos los derechos civiles del ciudadano, pero no porque ejerza dere
chos políticos antes de haberse hecho ciudadano del pais. Prodigad la ciudada
nía al extranjero de que necesita el país desierto ; pero no dejeis que la ejerza
el que no la haya aceptado expresamente. Lo demas es autorizar ese civismo
ambulante y estéril para la población misma de los que forman compañías de
políticos, como de artistas escénicos, para ir de República en República, eli
giendo y atacando Presidentes, que no vuelven á ver desde que dejan el país
de su tránsito.
(2) Como se llama en el manifiesto oficial de su revolución.