LOS COMERCIANTES
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Los pequeños comerciantes ingleses han hecho oir
dos géneros de amenazas á los industriales:
1. ° Estamos obligados á proteger nuestros pre
cios, y somos nosotros vuestros mejores intermedia
rios para llegar al público.
2. ° Si vosotros no aceptáis, os arruinaremos, por
la falta de la acción que podemos ejercer sobre los
consumidores.
The Times ha hecho observar que para las mercan
cías sin marcas de fábricas (coloniales, lanas, frane
las, harina, azúcar, té al detalle), los manufactureros
ó los comerciantes al por mayor se hacen una com
petencia tal, que ninguno puede aceptar semejantes
condiciones.
Cuando se trata de una mercancía designada por
su marca de fábrica, si el comerciante rehúsa darla
al cliente que la pide, corre el riesgo de perderle.
¿Dónde está el tendero inglés que declararía no
tener Colman’s mustard?
Todos estos intentos de atajar la competencia, res
ponde al espíritu de monopolio. Ellos persiguen ele
var el precio de una manera ficticia en perjuicio del
comprador. En un país de libertad están condenados
á un fracaso final.
El pequeño comerciante difícilmente puede obtener
de los industriales los precios que consignen los gran
des compradores. Pero pueden asociarse para las
compras, permaneciendo independientes para las
ventas.
La sociedad auxiliar de la alimentación, la Sadla,
ha resuelto la cuestión. Compra al por mayor, en las