322 EL COMERCIO Y LOS COMERCIANTES
y por cabeza de animales vivos ó muertos. Una vez
percibida esta tasa, el aduanero queda tranquilo.
Que el remitente envía aquí ó allá, poco le importa,
pues éi nada ha de percibir; que declara un valor inferior
con el fin de disminuir los derechos que la expedición
ha de pagar en el punto de destino, á él no
le preocupa.
Jamás un aduanero, inglés, alemán, francés, pregunla
al viajero que sale de su país:—¿Tenéis alguna
cosa que declarar? Hace algunos años un gran almacén
de París, revelando los nombres y direcciones
de sus clientes, evaluó en 54 millones la cifra de exportación
procedente de compras directas, que solo
importaban 30 millones, según los datos de la aduana
francesa, en los que, por consiguiente, no figuraban
los cuatro quintos de la verdadera exportación.
M. de Foville, antiguo director de la Casa de la
Moneda en París, ha dado en su Memoria al Instituto
internacional de Estadística, sobre los «Elementos
de la balanza económica de los pueblos», un ejemplo
característico de esta indiferencia del aduanero respecto
á los objetos que no presentan un interés fiscal.
Cuando, hace algunos años, la Casa de la Moneda de
París fabricaba rublos y fracciones de rublos por millones
para Rusia, eran expedidos de París á Dunkerque,
desde Dunkerque á Hull y de Hull á San Petersburgo.
Pues bien, no se encuentra de ello el menor
rastro en las estadísticas de la aduana francesa.
Hace una veintena de años, en Italia, M. Cario Ferrari
hizo comprobar las cifras de la aduana para las
entradas y salidas de numerario con el auxilio de