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EL COMERCIO Y LOS COMERCIANTES
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vinos que quería ponerse en regla, no se ocupaba
del origen ni de la calidad del producto. Los sindi
catos tomaron químicos que les permitían obtener
productos con arreglo á fórmula especial.
Á visto uno espectáculos curiosos. En 1907 los vi
ticultores de tres departamentos claman contra el
fraude, lo denuncian y piden leyes draconianas que se
aplicarán ¿contra quién?, contra ellos mismos.
Pidieron que la administración se entregara á una
especie de inquisición entre cada uno de ellos, y que
determinara también cuántos hectolitros había cose
chado cada uno.
Finalmente, los sindicatos se constituyeron en de
latores oficiales.
El «Midi» (Sur de Francia) reclama hoy nueva
mente, afirmando que todas estas medidas magníficas
no han ensanchado el mercado de vinos. Hubiera
sido sorprendente lo contrario.
El fraudulento no es interesante, sino provoca le
yes contra el fraude; y las leyes contra el fraude son
siempre leyes de policía y de arbitrariedad.
La Jungle de Upton Sinclair ha llenado de terror á
muchísimas personas que tomaban conservas ali
menticias. Naturalmente, ha seducido á los políticos,
despiertos siempre á todo lo que no saben. Yo he
visitado el establecimiento de Swift, en Chicago. Me
pareció excelente, como casi todos los establecimien
tos, en todos los países, donde se preparan los pro
ductos alimenticios. La mejor garantía que ofrecen,
es que su interés está en satisfacer y no en envene
nar á los clientes.