492
EL COMERCIO Y LOS COMERCIANTES
i
vinos que quería ponerse en regla, no se ocupaba
del origen ni de la calidad del producto. Los sindicatos
tomaron químicos que les permitían obtener
productos con arreglo á fórmula especial.
Á visto uno espectáculos curiosos. En 1907 los viticultores
de tres departamentos claman contra el
fraude, lo denuncian y piden leyes draconianas que se
aplicarán ¿contra quién?, contra ellos mismos.
Pidieron que la administración se entregara á una
especie de inquisición entre cada uno de ellos, y que
determinara también cuántos hectolitros había cosechado
cada uno.
Finalmente, los sindicatos se constituyeron en delatores
oficiales.
El «Midi» (Sur de Francia) reclama hoy nuevamente,
afirmando que todas estas medidas magníficas
no han ensanchado el mercado de vinos. Hubiera
sido sorprendente lo contrario.
El fraudulento no es interesante, sino provoca leyes
contra el fraude; y las leyes contra el fraude son
siempre leyes de policía y de arbitrariedad.
La Jungle de Upton Sinclair ha llenado de terror á
muchísimas personas que tomaban conservas alimenticias.
Naturalmente, ha seducido á los políticos,
despiertos siempre á todo lo que no saben. Yo he
visitado el establecimiento de Swift, en Chicago. Me
pareció excelente, como casi todos los establecimientos,
en todos los países, donde se preparan los productos
alimenticios. La mejor garantía que ofrecen,
es que su interés está en satisfacer y no en envenenar
á los clientes.