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LOS ELEMENTOS PERTURBADORES DEL COMERCIO 497
quietudes que provocan y la necesidad de guardias,
policía, gendarmes, tropa y todo el aparato judicial
que exigen. El coste es mucho mayor todavía porque
impiden tal ó cual empresa, tal ó cual comercio.
Esas gentes creen que el mejor medio de adquirir
propiedad es tomarla de los otros; pero tal concepción
existe con frecuencia también entre los que
les persiguen, juzgan y condenan.
En su gran obra Mr. Schmoller se extiende gustosamente
sobre las pasadas guerras comerciales y
comprueba que «la balanza de comercio no es más
que un subgénero de la idea de que lo que gana uno,
otro lo pierde» (Tomo V. pág. 336).
Mr. J. Novicow refuta esta concepción de la siguiente
manera:
La idea de que la prosperidad de Pedro puede fundarse sobre
la ruina de Pablo, es falsa. Si la prosperidad de Pedro
está fundada sobre la ruina de Pablo, la prosperidad de Pablo
debe fundarse también sobre la ruina de Pedro. La prosperidad
de ambos entonces está fundada sobre la ruina de ellos.
Esto es absurdo. Por desgracia, la inmensa mayoría del género
humano no ha comprendido aún esta verdad elemental.
Los estadistas, los políticos célebres, afirman todavía que los
progresos industriales del pueblo alemán, por ejemplo, perjudican
al pueblo inglés. Se sostiene en todas partes que el
gran desarrollo del comercio germánico constituye un serio
peligro para los demás países europeos. El error que hace
considerar la ruina del vecino como un bien, regula todavía
todas nuestras relaciones internacionales.
¡Qué admirables son los profundos políticos que
creen que la mejor manera de abrir mercados á la industria
de su país es arruinar á un cliente!