* BASES
reemplazar en las costumbres del pueblo, como estímulo moral,
la vanagloria militar por el honor del trabajo, el entusiasmo
guerrero por el entusiasmo industrial que distingue á los países
ibresde la raza inglesa, el patriotismo belicoso por el patriotismo
de las empresas industriales que cambian la faz estéril
de nuestros desiertos en lugares poblados y animados. La gloria
actual de los Estados Unidos es llenar los desiertos del oeste de
pueblos nuevos, formados de su raza; nuestra política debe
apartar déla imaginación de nuestras masas el cuadro de nuestros
tiempos heroicos, que representa la lucha contra la Europa
militar, hoy que necesita el país de trabajadores, de hombres
Europ^ libir eTÏÏ^ol^su civfhzacTon' m ve'z Te'repllerla.
La guerra de la independencia nos ha dejado la manía
ridicula y aciaga del heroísmo. Aspiramos todos á ser héroes v
nadie se contenta con ser hombre, ü la inmortalidad, ó nada, es
utstro dilema. Nadie se mueve á cosas útiles por el modesto y
onrado estimulo del bien público; es necesario que se nos prometa
la gloria de San Martin, la celebridad de Moreno. Esta
aberración ridicula y aciaga gobierna nuestros caractères sudpolítica
debe propender á combatirla y aca-Nuestra
política, para ser expresión del régimen constitucioiSillisp-s
Ella debe pioinover y buscar los tratados de amistad y comercio
con el extranjero, como garantías de nuestro régimen
constitucional. Consignadas y escritas en esos tratados las mismas
garantías de derecho público que la constitución dé al extranjero
espontáneamente, adquirirán mayor fuerza y estabiligimas
garantías queden en pié para que el p^ís conserve inviolab
e una parte de su constitución, que pronto hará restablecer
la otra. Nada mas erróneo, en la política exterior de Sud-\mérica,
que la tendencia á huir de los tratados.