Full text : Organizacion política y económica de la Confederacion Argentina, que contiene: 1. Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina; 2. Elementos del derecho público provincial argentino; 3. Sistema económico y rentístico de la Confederacion Argentina; 4. De la Integridad nacional de la República Argentina, bajo todos sus gobiernos

XVI

INTRODUCCION.

superioridad  respecto  de  la  nuestra.  El  acrecentamiento  de  la  población ­
  europea  y  los  progresos  que  le  son  insei)arables,  datan  allí  en
efecto  desde  el  tiempo  del  sistema  colonial.  Entónces,  lo  mismo  que
hoy,  se  duplicaba  la  población  cada  veinte  años;  al  paso  que  las
Leyes  de  Indias  condenaban  á  muerte  al  Americano  español  del  interior ­
  que  comunicase  con  extranjeros.
Quebrantadas  las  barreras  por  la  mano  de  la  revolución,  debió
esperarse  que  este  suelo  quedase  expedito  al  libre  curso  de  los  pueblos ­
  de  Europa;  pero,  bajo  los  emblemas  de  la  libertad,  conservaron
nuestros  pueblos  la  complexion  repulsiva  que  la  España  había  sabido
darles,  por  un  error  que  hoy  hace  pesar  sohre  ella  misma  sus  consecuencias. ­

Nos  hallamos,  pues,  ante  las  exigencias  de  una  ley,  que  reclama
para  la  civilización  el  suelo  que  mantenemos  desierto  para  el  atraso.
Esta  ley  de  dilatación  del  género  humano  se  realiza  fatalmente,
ó  bien  por  los  medios  pacíficos  de  la  civilización,  ó  bien  por  la  conquista ­
  de  la  espada.  Pero  nunca  sucede  que  naciones  mas  antiguas
y  populosas  se  ahoguen  por  exuberancia  de  población,  en  presencia
de  un  mundo  que  carece  de  habitantes  y  abunda  de  riquezas.
El  socialismo  europeo  es  el  signo  de  un  desequilibrio  de  cosas,
que  tarde  ó  temprano  teudrá  Ai  este  continente  su  rechazo  violento,
si  nuestra  prevision  no  emplea  desde  hoy  los  medios  de  que  esa  ley
se  realice  pacíficamente  y  en  provecho  de  ambos  mundos.  Ya  Méjico
ha  querido  probar  la  conquista  violenta  de  (¡uc  todos  estamos  amenazados ­
  para  un  porvenir  mas  ó  menos  remoto,  y  deque  podemos
sustraernos  dando  espontáneamente  á  la  civilización  el  goce  de  este
suelo,  de  cuya  mayor  parte  la  tenemos  excluida  por  una  injusticia
que  no  podrá  terminar  bien.
La  Europa,  lo  mismo  que  la  América,  jiadece  por  resultado  de
esta  violación  hecha  al  curso  natural  de  las  cosas.  Allá  sobreabunda, ­
  hasta  constituir  un  mal,  la  población  de  que  aquí  tenemos
necesidad  vital.  ¿Llegarán  aquellas  sociedades  hasta  un  desquicio
fundamental  por  cuestiones  do  propiedad,  cuando  tenemos  á  su  alcance ­
  un  quinto  del  globo  terráqueo  deshabitado?
El  bienestar  de  ambos  mundos  se  concilia  casualmente;  y  mediante ­
  un  sistema  de  política  y  de  instituciones  adecuadas,  los  Es-
            
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