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DE LA rONFEDERAr.ION ARGEXTINA. 56<
Lyon, porcelanas de Sèvres, espejos de Alemania, vinos de Burdeos,
chales y pañuelos de Canton , lienzos de Manchester,
muebles de Paris y de Estados Unidos? Todo esto es consumir,
y consumiendo todo esto, llenando así los Argentinos sus necesidades
de vida civilizada, hacen y llevan la misma vida que
las poblaciones de la Europa.
¿ De donde saca el pueblo argentino los objetos de su consumo?
— Una parte la produce él dentro de su suelo; otra adquiere
del extranjero en cambio de sus productos nacionales:
productos que por necesidad tiene que crear, porque son el precio
único con que puede pagar los artefactos extranjeros de que
necesita para hacer vida civilizada. Si no siembra trigos, ni
cria ganados, ni trabaja las minas, no viste seda, ni paños, ni
usa muebles de la Europa. Este cambio de productos del país
por productos extranjeros , comprensivo de una escala de cambios
intermedios y accesorios, deja tantas utilidades y rentas
privadas como el número de sus anillos : estas utilidades son
otras tantas materias de impuestos, tan posibles y practicables,
como son reales y verdaderas las ganancias que dejan á los Argentinos
y á los que habitan su suelo esas operaciones de la industria
que los hace existir.
De esos hechos, que forman la vida real y positiva de las poblaciones
de la Confederación Argentina, se deduce que ese país
tieiie en las condiciones económicas de su presente existencia
t^odo el material en que descansa el edificio del Tesoro público
neralmente por la ciencia de las rentas en el número de las
directas e indirectas.
En el capítulo siguiente daremos su catálogo y las reglas de
su establecimiento y carácter, derivados de los principios de la
Constitución argentina.