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EL COMERCIO Y LOS COMERCIANTES
cosechero». ¿Era vino del año? Lo encontraba de
masiado nuevo. F recuentemente este vino era de ara-
món conteniendo cinco ó seis grados de alcohol que
el transporte no había mejorado. Si el vino era malo,
si ocurría algún accidente en el camino, al cliente no
le quedaba recurso alguno contra el propietario, ale
jado 600 ú 800 kilómetros. Añoraba el cliente el buen
producto de Bercy, formado de mezclas hábilmente
hechas, conservando siempre con muy escasa dife
rencia la misma calidad é igual precio. Y volvía á él,
á menos que su experiencia de «vino de cosechero»
no le hubiese estropeado el gusto (1).
La experiencia ha costado cara; pero, ¡en 1907 he
oído celebrar la vuelta del acuerdo entre la propiedad
y el comercio de los vinos!
Los mismos hombres han denunciado los matari
fes á los agricultores. ¡Siempre los mismos, querien
do persuadir á los «productores para que se pongan
en relación directa con los consumidores extran
jeros!»
Si los derechos de aduanas no producen las ma
ravillas que aquéllos habían anunciado, es á causa
de los intermediarios que se llevan todo el bene
ficio.
Se habla mucho en la Sociedad de Agricultura, de
«la venta de los productos agrícolas». Naturalmente,
se pide para ella el privilegio de no pagar patente; y
dos decretos del Consejo de Estado (12 de Junio y 19
de Julio de 1907), se lo han reconocido.
(1) Delcous, Communication à la Société d'Economie indus
trielle et commerciale.