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EL COMERCIO Y LOS COMERCIANTES
El infeliz ha de verse bastante perplejo en gran núme
ro de casos.
Todo aduanero francés, alemán, de cualquier país
protegido, ha de envidiar á su colega inglés. Este no
tiene para qué embrollarse entre 654 números con
múltiples distinciones; no está obligado á tener una
competencia enciclopédica para todos los objetos
susceptibles de entrada; no está colocado entre las
exigencias de los proteccionistas que quisieran que
el aduanero lo obstruyese todo, y las reclamaciones
de los importadores. Y el aduanero francés ha de agi
tarse é inquirir entre las mayores molestias, para per
cibir á la postre cantidades miserablemente ínfimas
por la tasa de pequeños artículos, en tanto que su
colega inglés recauda tranquilamente 34 millones de
libras (850 millones de francos) sobre una docena de
artículos.
Está siempre preocupado por el temor de falsas
declaraciones, del contrabando, de cosas insecuestra-
bles como los encajes.
El aduanero inglés puede practicar la economía
del esfuerzo; percibir grandes cantidades con toda
comodidad. Tal es el sueño del aduanero y he ahí,
por qué todos los aduaneros son librecambistas. De
sean una tarifa fiscal que se cobre fácilmente en vez
de una tarifa protectora que le fastidie y fastidie al
importador y lógicamente sin provecho alguno.
3.° Le Tableau générale du commerce proporciona
datos muy insuficientes.
He aquí la única nota que pone bajo el título Per
ceptions.