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BASES
Nuestra revolución buscaba los derechos de propiedad, de
publicidad, de elección, de petición, de tránsito, de industria.
Tarde iría á proclamar eso en el Brasil, porque ya existe ; y
existe, porque la revolución de libertad ha pasado por allí de
jando mas frutos que entre nosotros.
La política que observó el Brasil después de la calda de Rosas
no era ciertamente una retribución de la política que el autor
aconsejaba á sn país respecto al Imperio en las líneas que ante
ceden. El Brasil rehusó tomar parte en los tratados de libre na
vegación de 10 de julio de 1853, firmados con la Francia y la
Inglaterra; y protestó en cierto modo contra el principio de
libertad fluvial, garantizado por esos tratados. Amenazó la in
dependencia de la República Oriental, ocupando su territorio
con un ejército permanente, sin obrar de acuerdo con la Con
federación Argentina, como estaba convenido en el tratado de
1828. Comprometió la integridad de la República Argentina,
abriendo relaciones diplomáticas con el gobierno interior y do
méstico de la provincia de Buenos Aires. — No por eso el autor
abandonó sus opiniones de 1844 y 1852 en Javor de lo bueno
que tiene el Brasil ; pero sí pensó que la Confederación debia
precaverse contra las tendencias hostiles que el Brasil acredi
taba por esos actos. Retirando mas tarde su ejército de la Banda
Oriental, y firmando el tratado con la Confederación Argentina
de 7 de marzo de 1856, en que restablece el pacto de 1828 y da
garantías á la integridad argentina y á la independencia orien
tal, el Brasil ha rectificado por fin las irregularidades de su po
lítica hácia el Blata, y dado muestra de comprender lo que
comiene á su seguridad. Sin embargo el tiempo esclarecerá el
sentido de algunas cláusulas del tratado de 7 de marzo, cuyas
palabras harian creer que el Brasil mantiene sus {preocupaciones
anteriores, especialmente en materia de navegación lluvial y de
comercio exterior.
En lo interior, el primer deber de la política futura será el
mantenimiento y conservación de la constitución. Reunir un
Congreso y dar una constitución no son cosas sin ejemplo en la
República Argentina; lo que nunca se ha visto allí es que haya
subsistido una constitución diez años.
La mejor política, la mas fácil, la mas eficaz para conservar
la constitución, es la política de la honradez y de la buena fe;
la política clara y simple de los hombres de bien, y no la po-