LOS COMERCIANTES
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El tendero de los pueblos del Mediodía no tiene
la misma mentalidad que el de las villas del Norte ó
de la Bretaña y entre los de una misma región, ha
ciendo todos el mismo comercio, no lo conciben de
la misma manera: y ¿qué relación tiene cada uno de
ellos con el tendero que vende tarjetas postales en la
calle de Rivoli y cuya tienda de la anchura de una
arcada supone un alquiler de 4.500 francos?
En la tienda de pueblo, en el pequeño alma
cén de París, la mujer juega un gran papel. Ella es
una excelente vendedora que sabe retener al cliente.
En algunos pequeños almacenes, el hombre se cree
como un pequeño rentista que es propietario de la
clientela. Entiende que ésta ha de permanecerle fiel
sin que tenga que preocuparse de ella. Ignora que en
un régimen de concurrencia, el comerciante tiene siem
pre más necesidad del cliente que el cliente del comer
ciante .
Rara vez el detallista se decide á tomar un nuevo
producto ó una nueva marca. Obedece solo á la de
manda del público y esta demanda solo se obtiene en
la mayoría de los casos por la publicidad.
El librero Marpon me ha dicho que él había co
menzado su fortuna renovando siempre su anuncio
en el Odeon y se lamentaba de que la mayor parte de
los libreros detallistas no imitasen su ejemplo.
Los pequeños comerciantes que creen hacer su co
mercio entre amistades piden al Estado que prive al
comprador de la libertad de elegir establecimiento.
Es preciso que por una bienhechora ley, el Estado
disuada ó desvíe al cliente que se dirige á los gran-