XVI
INTRODUCCION.
superioridad respecto de la nuestra. El acrecentamiento de la pobla
ción europea y los progresos que le son insei)arables, datan allí en
efecto desde el tiempo del sistema colonial. Entónces, lo mismo que
hoy, se duplicaba la población cada veinte años; al paso que las
Leyes de Indias condenaban á muerte al Americano español del inte
rior que comunicase con extranjeros.
Quebrantadas las barreras por la mano de la revolución, debió
esperarse que este suelo quedase expedito al libre curso de los pue
blos de Europa; pero, bajo los emblemas de la libertad, conservaron
nuestros pueblos la complexion repulsiva que la España había sabido
darles, por un error que hoy hace pesar sohre ella misma sus conse
cuencias.
Nos hallamos, pues, ante las exigencias de una ley, que reclama
para la civilización el suelo que mantenemos desierto para el atraso.
Esta ley de dilatación del género humano se realiza fatalmente,
ó bien por los medios pacíficos de la civilización, ó bien por la con
quista de la espada. Pero nunca sucede que naciones mas antiguas
y populosas se ahoguen por exuberancia de población, en presencia
de un mundo que carece de habitantes y abunda de riquezas.
El socialismo europeo es el signo de un desequilibrio de cosas,
que tarde ó temprano teudrá Ai este continente su rechazo violento,
si nuestra prevision no emplea desde hoy los medios de que esa ley
se realice pacíficamente y en provecho de ambos mundos. Ya Méjico
ha querido probar la conquista violenta de (¡uc todos estamos ame
nazados para un porvenir mas ó menos remoto, y deque podemos
sustraernos dando espontáneamente á la civilización el goce de este
suelo, de cuya mayor parte la tenemos excluida por una injusticia
que no podrá terminar bien.
La Europa, lo mismo que la América, jiadece por resultado de
esta violación hecha al curso natural de las cosas. Allá sobre
abunda, hasta constituir un mal, la población de que aquí tenemos
necesidad vital. ¿Llegarán aquellas sociedades hasta un desquicio
fundamental por cuestiones do propiedad, cuando tenemos á su al
cance un quinto del globo terráqueo deshabitado?
El bienestar de ambos mundos se concilia casualmente; y me
diante un sistema de política y de instituciones adecuadas, los Es-