BASES
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realizar , se practiquen por nuestros pueblos, sin mas antece
dente político que doscientos años de coloniaje oscuro y abyecto.
Es utopia, es sueño y paralogismo puro el pensar que nuestra
raza hispano-americana, tal como salió formada de manos de su
tenebroso pasado colonial, pueda realizar hoy la república re
presentativa, que la Francia acaba de ensayar con menos éxito
que en su siglo filosófico, y que los Estados Unidos realizan sin
mas rivales que los cantones helvéticos, patria de Rousseau , de
Necker, de Rossi, de Cberbuliez, de Dumont, etc.
Utopia es pensar que podamos realizar la república represen
tativa, es decir, el gobierno de la sensatez , de la calma, de la
disciplina, por hábito y virtud mas que por coacción, de la ab
negación y del desinterés, si no alteramos ó modificamos pro
fundamente la masa ó pasta de que se compone nuestro pueblo
bispano-americano.
Hé aquí el medio único de salir del terreno falso del paralo
gismo en que la nuestra América se halla empeñada por su ac
tual derecho constitucional.
Este cambio anterior á todos es el punto serio de partida, para
obrar una mudanza radical en nuestro órden político. — Esta
es la verdadera revolución, que hasta boy solo existe en los
nombres y en la superficie de nuestra sociedad. No son las leyes
las que necesitamos cambiar; son los hombres, las cosas. Nece
sitamos cambiar nuestras gentes incapaces de libertad por otras
gentes hábiles para ella, sin abdicar el tipo de nuestra raza ori
ginal , y mucho menos el señorío del país ; suplantar nuestra
actual familia argentina por otra igualmente argentina, pero
mas capaz de libertad, de riqueza y progreso. ¿Por conquista
dores mas ilustrados que la España, por ventura? — Todo lo
contrario; conquistando en vez de ser conquistados. La Amé
rica del Sud i)Osee un ejército á este fin, y es el encanto que sus
hermosas y amables mujeres recibieron de su origen andaluz,
mejorado por el cielo esplénclido del Nuevo Mundo. Removed
los impedimentos inmorales que hacen estéril el poder del bello
sexo americano, y tendréis realizado el cambio de nuestra raza
sin la pérdida del idioma ni del tipo nacional primitivo.
Este cambio gradual y profundo, esta alteración de raza debe
ser obra de nuestras constituciones de verdadera regeneración y
progreso. Ellas deben iniciarlo y llevarlo á cabo en el interes
americano, en vez de dejarlo á la acción espontánea de un sis-