LOS COMERCIANTES
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«Si los hombres de bien y las mujeres virtuosas de
cada país se vieran obligadas á ejercer las profesio
nes de hostelero, de mercader, del comercio, durante
nn cierto tiempo, conoceríamos entonces cuán caras
y preciosas son estas profesiones para la huma
nidad.»
Pero en vez de someterse á los magnates de la
ciudad á esta experiencia, se prohibió á los jefes de
las 5.040 familias que la formaban, la profesión de
comerciante. Sin embargo, la prohibición no era ab
soluta.
«No es fácil al legislador fijar exactamente lo que deshonra
0 no deshonra á una persona libre. Pero el que ejerciera un
tráfico indigno de su condición será citado ante un tribunal
de los más virtuosos de entre los ciudadanos y acusado de
deshonrar á su familia. Y si se le prueba que ha profanado la
casa paterna por alguna profesión sórdida, será condenado á
Un año de prisión, y á cada reincidencia se doblará la pena.
Una ley ordenará que los que traficaren en la villa sean ex
tranjeros, establecidos ó no; y una ley tenderá á hacer á esta
clase de habitantes lo más virtuosa ó lo menos malvada que
f uera posible.»
Los guardianes de las leyes «se confunden con las
personas entendidas» de tal modo que Platón veíase
embarazado para designarlas de modo distinto, por
que si eran entendidas, hacían ó habían ejercido el
comercio. Examinaban en conjunto el ingreso y el
gasto, de que resultaba para el comerciante un pro
vecho razonable, y estipulaban lo que cada uno de
bía exigir en razón al dinero desembolsado.
L>e vez en cuando se ven reaparecer aún las ideas