LA EVOLUCIÓN DEL COMERCIO
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Entonces los proteccionistas declaran que necesi
tan derechos compensadores, como si añadiendo á los
impuestos antes elevados para los gastos públicos,
nuevos impuestos privados para los industriales, se
disminuyen el precio de reventa de los objetos y se
aumentasen los recursos para comprar de los asala
riados y consumidores.
El proteccionismo entraña la rivalidad comercial.
Sus adeptos creen que solo se puede ganar en per
juicio de otro. Consideran que toda ganancia obteni
da por otro es un robo en detrimento suyo. Hemos
visto á gente avisada desear la ruina de la Gran Bre
taña y aún trabajar por ella; ¡excelente medio! ¡arrui
nar al mejor de nuestros clientes para encontrar sali
da á nuestros productos!
Desde 1882 á 1885, especialmente bajo ciertas in
fluencias de que hablaré algún día, desde 1894 á 1902,
periodistas y hombres políticos fueron arrastiados
contra la Gran Bretaña por una demencia que nos
condujo á la loca y vergonzosa empresa de Fashoda.
Los protagonistas de la política colonial considerá
banse como obligados á ser anglófobos; y sin embar
go bastó á Inglaterra, cerramos sus depósitos de car
bón para que no pudiésemos enviar un navio á la
Indo China. Aquellos no le perdonaban que opusiera
en sus colonias la política de la «puerta abierta» á la
política de la «puerta cerrada».
A pesar de las enseñanzas económicas y de la ex
periencia, numerosos diplomáticos y ministros, sin
contar industriales, comerciantes y publicistas repi-
piten que «Inglaterra ha destruido las fábricas de