LA EVOLUCIÓN DEL COMERCIO
85
ducción regular de trigo; y si el Lancashire no tuvie
se más algodón que el de fibra corta de la India, ve-
ríase obligado á hilar otros números que los que
hacen su fortuna.
Si la Europa occidental no pudiera traer cereales
de las Américas del Norte y del Sur, de la India, la
Australia y de Rusia, veríase en su perpetuo estado
de escasez, excepto Francia; y Francia no produce la
cantidad de trigo suficiente para asegurar á cada uno
el consumo de pan de dicho cereal (1).
Los mismos gobiernos que elevan los derechos de
aduanas demandan capitales á los contribuyentes
para mejorar los puertos. Muéstranse fervorosos par
tidarios de navios cada vez mayores, cada vez más
rápidos, que abaraten los gastos de transportes. Mul
tiplican las redes de los caminos de hierro como si
todos los progresos de los medios de transportes no die
sen por resultado una subida de los precios en los luga
res de producción y una baja en los de consumo (2).
Por la fuerza de las cosas, los grupos que pueden
practicar entre sí el librecambio se hacen cada vez
más importantes. En Alemania, según el empadrona
miento de 1905, 60.614.000 personas; en los Estados
Unidos, 86.000.000, comercian sin las barreras de la
aduana; y yo admiro á la Suiza que quiere aislar á
sus 3.300.000 habitantes.
Sin embargo, los tratados de 1860 han hecho su
obra; ni M. Meline, ni M. Bismarck, ni los agrarios
de país alguno han podido volver al sistema de pro
vi) YvesGuyot, la Comedie protccciommtc.
(2) Yves Guyol, 1.