270 EL COMERCIO Y LOS COMERCIANTES
éstos que naturalmente han cambiado de suministra
dores á pesar de las tarifas protectoras (1).
Inglaterra exportaba á Rusia pañuelos rojos de
forma oblonga, queriéndolos cuadrados las mujeres,
que compraban aquellos á regañadientes. El fabrican
te se decía:—Puesto que los compran, no vale la pena
de cambiar mi maquinaria.
Pero este descontento llegó á Alemania, que fabri
có pañuelos cuadrados, y á partir de este momento
los ingleses se quedaron sin clientela.
Hay que tener en cuenta los errores de cálculo de
algunos clientes.
Las refinerías francesas vendían azúcar de pilón á
Marruecos; los alemanes lo ofrecieron en terrones la
mitad más pequeños y los marroquíes se precipitaron
sobre ellos. El cónsul francés avisó á las refinerías de
su país, que desdeñaron la advertencia, no queriendo
cambiar sus moldes y perdieron una parte de aquel
mercado.
Algunas de estas preferencias que parecen capri
chosas en Europa, responden á necesidades locales.
Desatenderlas es descontentar al cliente á quien se
trata de servir.
M. G. de Leener ha citado numerosos ejemplos de
errores cometidos por los industriales belgas; negarse
á aliviar el papel destinado á la República Argentina,
de derechos de aduana más elevados que los que
pesaban sobre los concurrentes; la sumisión en 1903,
de una fábrica de acero belga, á un precio de 77 cen-
(1) G. de Leener, pág. 25.