LOS COMERCIANTES
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tavos oro, inferior al de los otros, pero negándose á
vender á plazos; expedición de vasos de vidrio á
Smirna por otra compañía de navegación que la designada
por el cliente, cuando el envío era á riesgo
del comprador; éste se negó á hacerse cargo del envío,
hasta que hubo una conciliación; pero en el almacén
rodaron sobre la caja, barricas de aceite, y un
30 por 100 del contenido de aquella resultó roto;
haber hecho una casa de tejidos fardos de 75 kilos
en vez de 60 indicados para el transporte en bestias
durante un viaje de varios días, siendo imposible
modificar el embalaje en el punto de llegada y por
consiguiente el cargarlos sobre las bestias; la expedición
anticipada de productos á pagar á la vista, á
un destinatario que no tiene los fondos disponibles y
Que no está prevenido para la colocación de la mercancía;
sustitución de un color por otro en barras de
hierro, siendo este color el destinado á hacer reconocer
al propietario, etc.
El suministrador debe atenerse á las exigencias de
su cliente y no discutirlas. Intentar educarle directamente
es inútil. Esto solo puede hacerse de una manera
indirecta.
Algunas veces estas exigencias están justificadas
por necesidades locales que no conocen los vendedores.
El precio en la casa de venta importa poco al comprador
lejano, al que solo interesa saber á qué precio
le resultará el artículo en el lugar de destino. No es
el precio en almacén, no es ya el precio fob (franco á
bordo) el que quiere conocer, sino el precio cif com-