BASES
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es la prohibición ; es un impuesto que debiera borrarse de las
rentas sud-ainericanas. Es un impuesto que gravita sobre la ci
vilización y el progreso de estos países, cuyos elementos vienen
de fuera. Se debiera ensayar su supresión absoluta por 20años,
y acudir al empréstito para llenar el déficit. Eso sería gastar,
en la libertad, que fecunda, un poco de lo que liemos gastado en
la guerra, que esteriliza.
No temais tampoco que la nacionalidad se comprometa por la
acumulación de extranjeros, ni que desaparezca el tipo nacio
nal. Ese temor es estrecho y preocupado. Mucha sangre extran
jera ha corrido en defensa de la independencia americana. Mon
tevideo, defendido por extranjeros, ha merecido el nombre de
Nueva Troya. Valparaíso, compuesto de extranjeros , es el lujo
de la nacionalidad chilena. El pueblo inglés ha sido el pueblo
mas conquistado de cuantos existen; todas las naciones han pi
sado su suelo y mezclado á él su sangre y su raza. Es producto
de un cruzamiento infinito de castas ; y por eso justamente el
Inglés es el mas perfecto de los hombres, y su nacionalidad
tan pronunciada que hace creer al vulgo que su raza es sin
mezcla.
No temais, pues , la confusion de razas y de lenguas. De la
Babel, del cáos saldrá algún dia brillante y nítida la nacionali
dad sud-americana. El suelo prohija á los hombres, los arrastra,
selos asimila y hace suyos. El emigrado es como el colono;deja
la madre patria por la patria de su adopción. Hace dos mil años
que se dijo esta palabra que forma la divisa de este siglo : —
Ubi benh, ibi patria,
Y ante los reclamos europeos por inobservancia de los trata
dos que firméis, no corrais á la espada ni griteis : / Conquistai
No va bien tanta susceptibilidad à pueblos nuevos, que para pros
perar necesitan de todo el mundo. Cada edad tiene su honor pe
culiar. Comprendamos el que nos corresponde. Mirémonos mu
cho antes de desnudar la espada : no porque seamos débiles, sino
porque nuestra inexperiencia y desorden normales nos dan la
presunción de culpabilidad ante el mundo en nuestros conflictos
externos ; y sobre todo porque la paz nos vale el doble que la
gloria.
La victoria nos dará laureles ; pero el laurel es planta estéril
para América, Vale mas la espiga de la paz, que es de oro, no
en la lengua del poeta, sino en la lengua del economista.