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las recetas. La mejor administración, como la mejor medicina,
es la qne deja obrar á la naturaleza.
Se debe preferir en general, para la elección de los funcio
narios, el juicio al talento; el juicio práctico, es decir, el ta
lento de proceder, al talento de escribir y de hablar, en los ne
gocios de gobierno.
En Sud-América el talento se encuentra ácada paso; lo ménos
común que por allí se encuentre es lo que impropiamente se
llama sentido común, sentido ó juicio recto. No es paradoja
el sostener que el talento ha desorganizado la República Argen
tina. íú partido inteligente, que tuvo por jefe á Rivadavia, per
tenece esa organización de échantillon, esa constitución de un
pedazo del país con exclusion de todo el país, ensayada en Rue
ños Aires entre t820y 1823, que complicó el gobierno nacional
argentino hasta hacer hoy tan difícil su reorganización defi
nitiva.
Conviene distinguir los talentos en sus clases y destinos,
cuando se trata de colocarlos en empleos públicos. Un hombre
que tiene mucho talento para hacer folletines, puede no tenerlo
para administrar los negocios del Estado.
Comprender y exponer por la palabra ó el estilo una teoría
de gobierno es incumbencia del escritor de talento. Gobernar
según esa teoría es comunmente un don instintivo que puede
existir, y que á menudo existe, en hombres sin instrucción es
pecial. Mas de una vez el hecho ha precedido á la teoría en la
historia del gobierno. Las cartas de Inglaterra, que forman el
derecho constitucional de ese país modelo, no salieron de las
academias ni de las escuelas de derecho, siuo del buen sentido de
sus nobles y de sus grandes propietarios.
Cada casa de familia es una prueba práctica de esta verdad.
Toda la economía de su gobierno interior, siempre complicado,
aunque pequeño, está encomendada al simple buen sentido de
la mujer, que muchas veces rectifica también las determinacio
nes del padre de familia en el alto gobierno de la casa.
La política del buen juicio exige formas serias y simples en
los discursos y en los actos escritos del gobierno. Esos actos y
discursos no son piezas literarias. Nada mas opuesto á la serie
dad de los negocios, que las llores de estilo y que los adornos
de lenguaje. Los mensajes y los discursos largos son el mejor
medio de oscurecer los negocios y de mantenerlos ignorados del