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BASES
hombres como yo,es decir, de ochocientos mil abogados que sa
ben hacer libros. Esa sería la peor población que pudiera tener.
Los abogados no servimos para hacer caminos de fierro, para
hacer navegables y navegar los rios, para explotar las minas,
para labrar los campos, para colonizar los desiertos; es decir,
que no servimos para dar á la América del Sud lo que necesita.
Pues bien, la población actual de nuestro país sirve para estos
fines, mas ó menos, como si se compusiese de abogados. Es un
error infelicísimo el creer que la instrucción primaria o univer
sitaria sean lo que pueda dar á nuestro pueblo la aptitud del
progreso material y de las prácticas de libertad.
En Chiloé yen el Paraguai saben leer todos los hombres del
pueblo; y sin embargo son incultos y selváticos al lado de un
obrero inglés ó francés que muchas veces no conoce la o.
No es el alfabeto, es el martillo, es la barreta, es el arado, lo
que debe poseer el hombre del desierto, es decir, el hombre del
pueblo sud-americano. ¿Creeis que un Araucano sea incapaz de
aprender á leer y escribir castellano ? ¿ Y pensais que con eso
solo deje de ser salvaje?
No soy tan modesto como ciudadano argentino para pretender
que solo á mi país se aplique la verdad de lo que acabo de es
cribir. Hablando de él, describo la situación de la América del
Sud, que está en ese caso toda ella, como es constante para to
dos los que saben ver la realidad. Es un desierto á medio poblar
y á medio civilizar.
La cuestión argentina de hoy es la cuestión de la América del
Sud, á saber: buscar un sistema de organización conveniente
para obtener la población de sus desiertos, con pobladores ca
paces de industria y libertad, para educar sus pueblos, no en
las ciencias, no en la astronomía,— eso es ridículo por anticipado
y prematuro,— sino en la industria y cu la libertad práctica.
Este problema está por resolverse. Ninguna Hepública de la
América lo ha resuelto todavía. Todas han acertado á sacudir la
dominación militar y política de la España ; pero ninguna ha
sabido escapar de la soledad, del atraso, de la pobreza, del des
potismo mas radicado en los usos que en los gobiernos. Esos
son los verdaderos enemigos de la América; y por cierto que no
les venceremos como vencimos ála metrópoli española, echando
la Europa de este suelo, sino trayéndola para llevar á cabo, en
nombre de la América, la población empezada ahora tres siglos